Este lunes el hombre se cayó de la cama para estar tempranito conmigo.
Me dijo que tiene pensado hacerle un regalo a cada uno de mis hijos para Navidad. Es que el hombre recibe una muy buena bonificación $$$ para fin de año. Yo no le dije nada, si él quiere que sea sincero y de corazón.

Por otro lado, una cosa que me tiene intrigadísima es que siempre está repitiéndome:
-"Chica, tú no sabes cuánto me gustas. Me gustas tanto".
Yo lo miro con cara de ¿cómo así? (con la ceja levantada y todo).
Y él me pregunta: -"Pero, ¿por qué me miras con esa cara?. Yo te estoy diciendo la verdad.
-Porque a mi edad, lo primero que se me viene a la cabeza es "este chiquillo piensa que está tratando con una quinceañera y puede venir a meter cuento tan fácil".
-Entiendo tu desconfianza, pero este "chiquillo" es bien maduro aunque no me lo creas, y te habla con sinceridad.

Yo estoy así como a la defensiva; aunque mis amigos (tanto él como ella) están convencidos de que ese chico me quiere de verdad. Ambos piensan que es un hombre bien maduro (para su edad), y que realmente yo le intereso para bien. No sé, yo aún tengo mis dudas, y sigo a la defensiva.
¿Qué piensas tú Antonio?

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Para mi amiga Mariana.
Cuando yo estaba como tu sobrina, tenía un carácter y un temple; tenía mis ilusiones y relajitos propios de la edad, pero no me dejaba joder de nadie (mucho menos de ningún pendejo). Y en parte le doy gracias a mi papá, que siempre fue bien claro conmigo (demasiado diría yo) en cuanto al comportamiento de los hombres.
Tenía bien clarito que mi deber era estudiar (al contrario de mi hermana que iba a la escuela a figurar); me encantaba llevarle la contraria a mi madre y nada me hacía cambiar de opinión (bastante que peleamos por eso).
No me puedo quejar, me ha ido bien. Un poco tosca y nada cariñosa con mis conquistas, pero con esa actitud tuve a más de 4 barriendo el piso por mí.
Una anécdota (como la de la Luzi), una vez que descubrí a mi primer esposo en un restaurante con "la otra", también esperé que les sirvieran y les eché toda la comida encima; luego me fuí fresca como una lechuga. Aunque una quede chillando después, esa satisfacción no te la quita nadie.